Salir de Casa para celebrar un aniversario se convirtió en mucho más que una escapada: fue una forma de recordarnos que los sueños también se cumplen viajando, descubriendo y dándonos tiempo para vivir experiencias que nos renuevan. No buscábamos una celebración tradicional, sino una aventura que nos permitiera empezar un nuevo ciclo con energía y gratitud.
El viaje comenzó atravesando Machachi, disfrutando del camino y de esos paisajes andinos que siempre anuncian que algo bueno está por venir. Decidimos parar en Salcedo para almorzar en uno de esos lugares que ya se vuelven parte de nuestras rutas favoritas: comida deliciosa, precios accesibles y la sensación de volver a un sitio conocido que nunca decepciona.

Continuamos hacia Patate, donde hicimos una pausa en el parque central para admirar cómo este pequeño cantón ha cambiado desde que se convirtió en el primer Pueblo Mágico del Ecuador. Caminar por sus calles fue descubrir cómo los destinos evolucionan sin perder su esencia.
Al caer la tarde llegamos a Baños, donde descansamos en uno de los hoteles spa más reconocidos de la zona (pronto dejaremos una reseña). Fue el espacio perfecto para detenernos, respirar y disfrutar de una gastronomía extraordinaria. Al día siguiente aprovechamos las piscinas, las zonas húmedas y cada rincón pensado para relajarse y desconectarse de la rutina antes de continuar nuestro camino hacia la Amazonía.

Finalmente llegamos al Puyo, pero antes hicimos una parada gastronómica que nos sorprendió por completo. Encontramos un lugar especializado en carnes donde entendimos por qué la ganadería de la zona tiene tan buena reputación: cortes espectaculares, sabores intensos y una experiencia que definitivamente recomendaríamos repetir.
Nuestro destino final en el Puyo fue un verdadero refugio rodeado de naturaleza. Pasamos dos días allí, disfrutando de un espacio diseñado para descansar y reconectar con el entorno. Apenas llegamos nos guiaron hacia una enorme cascada escondida entre la vegetación, donde también descubrimos una piscina natural con barro azul que nos permitió disfrutar de sus beneficios y sentirnos completamente desconectados del mundo exterior.

Esa tarde nos regalaron una experiencia que parecía sacada de un sueño: un baño de flores mientras el atardecer iluminaba la selva amazónica. Más tarde, una cena extraordinaria cerró el día; cada plato fue explicado por el chef, convirtiendo la comida en parte de la experiencia del viaje.
A la mañana siguiente despertamos sin apuros. Después de un desayuno increíble decidimos volver a la cascada, esta vez caminando por nuestra cuenta y disfrutando el recorrido con más calma. En la tarde nos entregamos por completo al descanso: un masaje relajante y el anochecer desde el jacuzzi nos recordaron lo importante que es detenerse de vez en cuando para simplemente disfrutar el presente.
Antes de regresar a Quito todavía nos esperaba una última aventura: caminar por un sendero dentro del río hasta llegar a una pequeña cascada escondida, poderosa y llena de vida. Fue el cierre perfecto para una escapada que nos dejó algo más que recuerdos.

El regreso lo hicimos atravesando el Oriente Ecuatoriano, pasando por Tena, Archidona y Papallacta, admirando cada paisaje hasta volver a casa con la sensación de haber cumplido uno de esos sueños simples pero valiosos: viajar para celebrar la vida.
Porque al final, los aniversarios no siempre se miden en fechas, sino en experiencias que nos transforman. Y esta escapada al Puyo fue exactamente eso: una pausa para reconectar con nuestros objetivos, agradecer el camino recorrido y volver a casa renovados, inspirados y con más ganas de seguir descubriendo el Ecuador.
Gracias por llegar hasta aquí, si deseas puedes suscribirte.
The Journey That Reminded Us Why It’s Worth Keeping Our Dreams Alive
Leaving Quito to celebrate an anniversary became much more than just a getaway—it was a reminder that dreams can also come true through travel, discovery, and giving ourselves time to live experiences that renew us. We were not looking for a traditional celebration, but rather an adventure that would allow us to begin a new chapter with energy and gratitude.
The journey began as we crossed through Machachi, enjoying the road and those Andean landscapes that always feel like the beginning of something special. We decided to stop in Salcedo for lunch at one of those places that has become part of our favorite routes: delicious food, affordable prices, and the comforting feeling of returning to a place that never disappoints.
We continued toward Patate, where we paused at the central park to admire how this small town has evolved since becoming the first Magical Town of Ecuador. Walking through its streets was a reminder that destinations can grow and transform without losing their essence.
By evening we arrived in Baños, where we stayed at one of the region’s most recognized spa hotels. It was the perfect place to slow down, breathe deeply, and enjoy extraordinary gastronomy. The next morning, we spent time in the pools, thermal areas, and relaxation spaces before continuing our journey toward the Amazon.
Finally, we reached Puyo, but not before making a memorable food stop. We found an incredible steakhouse that showed us why the region is known for its excellent cattle farming: outstanding cuts of meat, rich flavors, and an experience we would absolutely recommend.
Our final destination in Puyo was a true nature retreat. We spent two days surrounded by the rainforest in a place designed for rest and connection with nature. Shortly after arriving, we were guided to a massive waterfall hidden within the jungle, where we also discovered a natural pool with blue clay that allowed us to enjoy its relaxing benefits and completely disconnect from the outside world.
That afternoon felt like something out of a dream: a flower bath while the sunset illuminated the Amazon rainforest. Later, an extraordinary dinner closed the day, with the chef personally explaining each dish and turning the meal into part of the journey itself.
The next morning we woke up with no rush at all. After an amazing breakfast, we decided to return to the waterfall, this time walking there on our own and taking in the experience more slowly. In the afternoon, we fully embraced relaxation: a soothing massage followed by watching the sunset from the jacuzzi reminded us how important it is to pause from time to time and simply enjoy the present moment.
Before heading back to Quito, one final adventure awaited us: walking along a river trail to reach a small hidden waterfall, powerful and full of life. It was the perfect ending to a getaway that gave us far more than memories.
We returned through the Ecuadorian Amazon region, passing through Tena, Archidona, and Papallacta, admiring every landscape until we arrived home feeling renewed and grateful for having fulfilled one of those simple but meaningful dreams: traveling to celebrate life.
Because in the end, anniversaries are not only measured by dates, but by the experiences that transform us. And this getaway to Puyo was exactly that—a pause to reconnect with our goals, appreciate how far we have come, and return to Quito inspired, recharged, and excited to continue discovering Ecuador.
Thank you for reading this far, you can subscribe if you wish.
